Después de las emociones en la premiación y del relajo en la fiesta en el Estadio Nacional de Lima, Ignacio Casale (25) está maravillado con la capital peruana. “Feliz me vendría a vivir aquí”, suelta mientras recorre el sector de Miraflores.
Lo único que no le ha gustado por ahora es cómo conducen los peruanos. Cuando llevaba su cuadriciclo Yamaha al puerto de Callao, para embarcarlo, recibió el “topón” de una pompa fúnebre.
“Es de locos cómo manejan acá”, comenta el chileno, quien, en estricto rigor, fue el mejor ubicado de los 26 vehículos nacionales que corrieron el Dakar, con su cuarto lugar en losquads.
“Se me han abierto muchas puertas para seguir en esta disciplina, así es que está más o menos decidido en lo que voy a correr el próximo año”, comenta, a raíz de su gran inquietud: en qué categoría correr la siguiente edición del Dakar.
La historia comenzó el año pasado, apenas terminó 50º su segundo clásico del todoterreno en una moto Yamaha. Un año antes había culminado la prueba arriba de un camión. Entonces, pensó que una buena manera de conseguir auspicios era intentar algo nuevo, como ser el primero en terminar la carrera en sus cuatro categorías.
Así empezó el trabajo para adaptarse a la nueva modalidad, que se le dio bastante más natural de lo que él pensaba. “Por primera vez la pasé bien durante todo el recorrido, me levantaba con ánimo a hacer la etapa. Creo que encontré mi espacio en el mundo tuerca”, señala Casale, cuya primera aspiración era correr la próxima edición en autos.
Sin embargo, sus planes parecen haber cambiado después de su actuación en cuadriciclos. “Parece que me quedaré en los quads, porque lo de los autos lo puedo hacer más adelante, en otros cinco años. No está todo decidido, pero hay buenas probabilidades”, reconoce.
Criado entre las tuercas
La familia Casale tiene historia dentro del ambiente motor nacional. El padre de Ignacio, Francisco, completó el domingo su segundo Dakar y también corría en la época dorada del Jeep Fun Race.
“Siempre iba a ver a mi viejo en los autos, pero a mí me gustaban las motos. Era todo en lo que pensaba y todo en lo que pienso”, cuenta el piloto, quien disputó su primera prueba a los 17 años, junto con su tío Ignacio. Luego se retiró de tres carreras universitarias para enfocarse en su pasión, aunque su papá lo encontraba peligroso. Afortunadamente, este año sólo tuvo una caída fuerte, pero aterrizó sobre la chusca.
Su convicción es que después del cuarto lugar hay una base sólida para poder aspirar a algo más en el próximo Dakar. “Puedo meterme en un podio y dar la pelea por ganar. Con una máquina mejor desarrollada y una buena preparación, me da la impresión de que se puede. Los respeto por su nivel, pero no les tengo miedo a los Patronelli (Alejandro y Marcos, que hicieron el ‘un-dos’ en la serie)”, manifiesta el santiaguino, quien espera tener su decisión definitiva en marzo, aunque, según sus palabras, parece estar todo muy claro.
Fuente: Latercera.com