La travesía que algunos continúan llamando París-Dakar es probable que sea Mar del Plata-Lima en 2012. Como nunca antes desde que llegó a Sudamérica, el maratón está afianzado en esta parte del continente y el regreso a Africa, amenaza anual en los últimos dos años hasta que los gobiernos argentino y chileno comprometieron más apoyo económico, hoy aparece tan lejano como incierto.
París, la capital francesa, fue punto de partida en 19 ediciones pero dejó de serlo en 2001. Sin embargo, en el imaginario colectivo aún forma parte de la carrera. Ni siquiera Dakar estuvo siempre en el recorrido africano: en 1992 y 2003 la competencia inaugurada a fines de 1978 no incluyó a la capital de Senegal. No obstante, su nombre quedó perpetuado como denominación del raid. Como no hay mejor arma de mercadotecnia que aquella impuesta por el público, los franceses de Amaury Sport Organisation se hicieron de los derechos para llamar así a su negocio sin que importe los terrenos que surca. El Dakar del año próximo, entonces, unirá la costa argentina con la capital peruana.
La situación política y de seguridad no ha mejorado en Africa pero algunos analistas sostienen que tampoco difiere demasiado de lo que ocurría 20 años atrás. De hecho, la edición de 1992, que unió París con Ciudad del Cabo y atravesó el continente de norte a sur, debió esquivar una súbita guerra civil en Chad antes de toparse con otra en Angola. La diferencia es que los patrocinadores ya no toleran incidentes graves y nadie quiere ligazón con las amenazas terroristas ni con la muerte.
El desafío deportivo encontró un buen lugar en Sudamérica: hay terrenos tan exigentes como los africanos y paisajes que se le asemejan para la puesta en escena televisiva. El negocio crece en un terreno aún más fértil: ASO dejó de pagar en Africa para cobrar en América. La empresa organizadora hacía aportes en los países africanos que atravesaba; en cambio, recibe dinero oficial de Argentina y Chile -además de un sustancioso aporte en logística y suministros- por traer la caravana a esta parte del continente. Los millones compensan la pérdida de autonomía de la cual ASO gozaba en Africa, donde hacía y deshacía a su antojo: en Sudamérica cuenta con mejores condiciones para desarrollar la competencia y atender a los sponsors, pero a la vez la organización se ve expuesta a un escrutinio general que ni la rozaba del otro lado del Atlántico.
Según cálculos privados, el aporte argentino en efectivo para la edición 2011 osciló los siete millones de dólares. Como en los dos años anteriores, Buenos Aires fue sede de la partida y de la conclusión. Chile, que albergó al día de descanso, había comprometido una suma similar, que se cree fue luego recortada debido a los terremotos que azotaron al país un año atrás. Los gobiernos de cada lado de la Cordillera están dispuestos a renovar su contribución para mantenerse en la ruta de la travesía. Además, otros países han mostrado interés en ser añadidos y se estima que Perú dio las muestras más claras de su compromiso. Bolivia, Paraguay y Brasil también pretenden su lugar en el Dakar. Los equipos más poderosos de la categoría de autos prefieren que la incorporación de países sea gradual para que no se enturbie la logística.
La cuenta resulta sencilla: cuanto más estados sean añadidos a la travesía, mayor será la recaudación de ASO, también organizador de un buen número de competencias ciclísticas entre las que sobresale el Tour de France. Así, el futuro de la travesía parece atado a Sudamérica. Con nombre importado, el negocio está ahora en esta parte del mundo.
Martín Urruty es periodista especializado en automovilismo desde 1993. Trabajó en el diario Clarín y en Radio Rivadavia y fue co-autor del libro \”Formula 1 -50 años- La eterna pasión\”. Actualmente es redactor del diario deportivo Olé, y además es de columnista del SportsCenter Latino de ESPN, de ESPN Radio en Rivadavia y de ESPNdeportes.com. Consulta su archivo de columnas.
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Por Martín Urruty
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